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by Hermana Dolores Tringl, OLVM
Vibraba en mi cintura la llamada por altavoz diciéndome que había un trauma "rojo" en el Departamento de Emergencia. Los capellanes responden a los traumas más serios y un trauma "rojo" es muy serio. Respondí a esta llamada inmediatamente, descubrí que el cuarto de trauma #1 ya estaba lleno de personal médico de los departamentos de cirujía y radiología, como también los del equipo de trauma. El paciente, un señor de 41 años de edad caminaba en su bicicleta y chocó con un vehículo parado. Él fue transportado a University Medical Center por el Fire Department (F.D. - Departamento de Bomberos) y poco después de la llegada fue declarada su muerte.
foto: Hna. Dolores Tringl, OLVM
A ese tiempo, un rol mío era el de obtener información de los paramédicos del FD acerca del sitio del accidente, nombre del paciente, múmeros de teléfono, y de otros informes relacionados. Los paramédicos me trataron con cortesía pero poca información pudieron darme con excepción del sitio del accidente. Me di cuenta que era difícil para ellos discutir este accidente—tal vez por la edad del paciente que era cerca de su propia edad y algunos paramédicos eran aún más jóvenes.
Después que ellos habían limpiado la camilla les pedí más información sobre el accidente. Entonces les avisé que mi plan era regresar al cuarto de trauma para rezar sobre el paciente muerto. Les dije que ordinariamente yo esperaba a que hubiera menos del personal y así me acercaba al difunto y rezaba en voz alta cerca de su oído. Mi razón por rezar en voz fuerte es que el oír es el último sentido que abandona el cuerpo.
foto: Hna. Dolores Tringl, capellán de University Medical Center en Tucson, contando al Capellán Supervisor la experiencia extraordinaria cuando los paramédicos pidieron oración para ellos mismos.
Al retirarme del personal de FD para entrar al cuarto de trauma, oí a uno de los paramédicos decir: "¡Capellán, denos una bendición!" Yo no estaba muy segura de lo que había oído pero al verlos, vi a tres de ellos unidos con brazos por las cinturas uno a otro, pidiendo otra vez "¡Capellán, denos una bendición!" En seguida estos invitaron a los otros miembros del personal de FD. Ahora hubo seis personas con brazos unidos por las cinturas, con sombrero en mano y cabezas inclinadas. Dios me soportaba mientras daba gracias a Dios por el don particular de estas personas de traer a los lastimados y a enfermos a nuestro hospital para nosotros poder ayudarlos; y también gracias a Dios por ellos en ponerse en peligro en situacionies difficultosas para rescatar a la gente creada por Dios. Entonces pedí a Dios que continuara dándoles el deseo y el valor para ayudar al pueblo de Dios. Les di una bendición en manera Cristiana. Para aquellos que no eran Cristianos, pedí que la bendición del Dios de su religión permanezca siempre con ellos.
Les di las gracias que yo recibí de ellos: el de haber estado presente con ellos en la oración y en la bendición. De allí entré al cuarto de trauma para rezar al lado del pobre hombre de 41 años, pidiéndole a Dios la paz y felicidad por él mientras su espíritu se alegaba de su cuerpo.
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