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Hermana Mary Jo Nelson celebró su Jubileo de Plata – 25 años como misionera en nuestra Congregación. Cuando fué elegida miembro del Equipo de Liderazgo en el Capítulo de marzo, tuvo que dejar la Diócesis de San Bernardino donde servía como Can-ciller. A continuación hay algunas selecciones de la reflección que compartió durante la celebración el 3 de mayo, 2000:
“Hace muchos años, cuando yo vivía en Denver, Colorado, hacía trabajo voluntario en un albergue para los que no tenían hogar. Una noche una niña de 7 años, Dorisel, entró a la oficina y empezó a charlar, preguntando toda clase de preguntas. La conversación fué algo así:
“Ella me preguntó mi nombre - le dije que me llamaba Hermana Mary Jo. Ella me preguntó ‘¿recibe sueldo por su trabajo aquí?’ Yo le contesté no – vengo porque me gusta estar aquí. Ella siguió, ‘le dan la comida cuando viene aquí.’ Sí, le dije, es verdad. Entonces ella me preguntó, ‘¿dónde vive usted?’ Traté de explicarle que vivía con otras 4 Hermanas. Ella continuó, ‘Yo sé, ustedes todas son Hermanas, pero no tienen la misma mama. Usted es una Dama de Iglesia!!’ Al retirarse ella se voltió y preguntó la cuestión final: ‘¿Hermana, usted conoce a Dios?’
“De varios modos Dorisel había captado el significado de mi vida . . . más que cualquier otra cosa mi vida como mujer religiosa ha sido una vida comprometida en búsqueda de Dios, y dejando que Dios me busque a mí.
“Nuestro Evangelio nos habla intimamente del amor de Jesús y su deseo por nosotros. Jesús dice: ‘Les llamo amigos, porque les he dado a conocer lo que aprendí de mi padre. Ustedes no me escogieron a mí; soy yo quien los escogí a ustedes para que vayan y produzcan fruto – y ese fruto permanezca.’
Estas palabras son dirigidas a cada una de nosotras una y otra vez durante el curso de la vida. Cualquier vocación, cualquier compromiso de vida, toma todo el curso de la vida. Lo que era esencial cuando teníamos 25 años, ha cambiado a los 40 y otra vez a los 50 – 60 – 70 años. La fidelidad no consiste en guardar la promesa de 25 años atrás. Es más un compromiso de permanecer en conversación – seguir escuchando a la voz de Dios a través de cada éxito y fracaso, esperanza y sueños rotos, amistad y relaciones difíciles, a través de la soledad y traiciones, a través de la pasión e imaginación por ministerio y servicio, a través de cuestiones, pobreza interior y enterarse de la vida, a través del silencio y la soledad. Escuchar otra vez, mantener conversación con Dios que nos escogió y mantener diálogo con nuestras compañeras es central a todo compromiso por vida.
“La vida consagrada – la vida de votos y ministerio público en la Iglesia es esencialmente un compromiso de búsqueda de Dios, y de devolver el don de buscar, de cuestionar y de anhelar a la Iglesia y sociedad. Yo vine a la vida religiosa en el tiempo que cientos de mujeres jóvenes se estabán saliendo. Por cierto, mis deseos y sueños estaban en prueba cuando amigas queridas y compañeras escogieron otras sendas, cuando otras preguntaban ‘¿por qué te quedas?’ Mis Hermanas de Victory Noll me han conocido como una que busca y una que cuestiona y yo sospecho que, tal vez, ese debe ser el nombre por el cual Dios me llama. Y, al mirar hacia atrás a los 25 años como mujer religiosa, esta Diócesis también ha sido recipiente de mi búsqueda, cuestionamento, e imaginación – a menudo me he preguntado Porqué? ¿Y si pensamos de ésto de modo diferente? ¿Qué necesita cambiar? ¿A cómo nos está desafiando la realidad a pensar? ¿Cómo dejamos que algo muera, para que nasca nueva vida? En toda mi vida religiosa yo he vivido entre medio – jamás conocí los viejos modos de la vida religiosa y probablemente no veré emerger imagen y modelo nuevos. Lo que sí sé es que Dios ha sido fiel en mi tiempo.
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