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Historia de una Vocación

Mi Vocación, un sueño hecho realidad
por Hermana Mary Doran, OLVM

“No recuerdo cuando me dí cuenta de la llamada a la vida religiosa. Muchas cosas sucedieron hasta estar del todo segura. Estaba en segundo grado de la escuela católica. Un día la Hermana nos dijo que rezáramos por nuestra vocación. No entendía mucho el significado de esta palabra, pero seguí el consejo y esta intención no faltaba nunca en mi oración.

En mi familia, la vida religiosa era bastante cercana, ya que varios de nuestros parientes eran religiosos y su estilo de vida nos era familiar. Una tía era religiosa Franciscana de Oldenburg. ¡Como nos gustaba visitarla! En ciertos días Papá nos amontonaba en el carro y nos íbamos a verla. En el camino apostábamos a quien sería el primero en ver la torre de la parroquia donde ella vivía. Habían otros religiosos de la familia: un tía abuelo era un Hermano Cristiano, una tia abuela era una Hermana de San José de Cleveland,Ohio, y un primo, sacerdote Jesuita.

En tiempos de mi adolescencia, había un dicho muy conocido: ‘La familia que reza unida, permanence unida.’ En familia, cada noche, después de cena nos juntábamos para recitar el Rosario. A veces no era fácil terminarlo a causa de las travesuras de mi hermanito que nos hacía reír con sus muecas y correteos.

Crecí en un pequeño pueblo cercano al Rio Ohio en Kentucky. Eramos siete en la familia, mis padres, dos hermanos y dos hermanas. Yo asistía a la escuela católica y no sabía mucho acerca de niños católicos que asistían a las escuelas públicas.  Entonces, todo niño católico tenía que asistir a la escuela católica o hablar con el parroco. En la escuela de este pueblo pequeño en el cual vivíamos, haíian tres grados en un solo salón de clases. Eramos felices. Aún hoy día no recuerdo haber estado aburrida ya que la Hermana mantenía a los niños en cada grado siempre motivados.

Con frecuencia, yo sentía el deseo de hacer algún bién a los más pobres. Si se diera el caso de que yo recibiera un poco más de dinero, sentiría gusto de comprar comida y otras cosas y compartirlas con las familias necesitadas.

Para la escuela secundaria yo iba a otro pueblo para asistir a una academia para muchachas. El bus en él que viajaba todos los días pasaba por algunos lugares en donde las casas estaban ruinosas y los niños andaban descalzos en el frío. Yo soñaba en lo feliz que serían ellos si yo pudiera ayudarlos de algun modo. Pero, ¿de dónde conseguiría el dinero para poder hacer esto?

El dinero nunca vino, pero lo más importante es que ‘el llamado estaba allí.’  Un día, al leer Our Sunday Visitor (El Visitante), ví una foto de una Hermana sentada a la sombra de un árbol, rodeada de niños y tenía un catecismo en sus manos.  En ese instante supe que eso era lo que yo quería. Seguía orando y esperaba tener más información en el próximo número de Our Sunday Visitor.

Desde que era niña, nada me hacía más feliz que viajar. Vivíamos al otro lado de la ciudad de Cincinnati, y un gran ‘acontecimiento’ era visitar esa ‘gran’ ciudad.  Pero yo tenía sueños más grandes. Compré un atlas y en las noches me sentaba con mi papá, y planeábamos un viaje a California que nunca ocurrió. La siguiente semana, Our Sunday Visitor publicó un mapa de los Estados Unidos y una lista de las varias misiones en donde las Hermanas servían. California tenía muchas casas de misión en ese tiempo. De hecho, mi primera asignación después de entrar en la congregación, fue California.marydoranenters1953

Foto: Entrada de Mary Doran (a la der.) a Victory Noll en 1953.

Cuando me dí cuenta de que Dios me estaba guiando a la vida religiosa, mi opción fue la Congregación de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de la Victoria (Victory Noll Sisters). Allí era donde yo quería ingresar.  El primer paso importante era decírselo a mi familia, había guardado el secreto para mí y sabía que sería una sorpresa para ellos. Después de mi graduación, trabajé en una Compañía de Seguros en Cincinnati y finalmente decidí compartir mi secreto con mi familia. Esto los sorprendió, pero al mismo tiempo estaban felices. Antes de ingresar, Papá nos llevó de visita a Victory Noll para conversar con las Hermanas y conocer lo que seria mi futuro hogar.

En los 54 años de mi vida religiosa, nunca me he arrepentido de haber seguido mi vocación. He vivido siempre alegre con mi decisión. Hice estudios especiales de catequesis, lo que me permitió guiar los programas de catequesis a nivel parroquial y a nivel diocesano, empezando en California, siguiendo en Indiana y Florida.

Aunque habían escuelas católicas en las parroquias, cientos de niños asistían a escuelas públicas. En San Pedro, yo enseñaba a 500 niños cada semana. A veces me pregunto, que estarán haciendo ellos hoy?  Sin duda, cada hermana ha de haber afectado las vidas de cientos de niños compartiendo el Evangelio bajo la sombra de los árboles y en salas de hogares particulares. También preparaba personas laicas para que tomaran parte en este ministerio. Hasta la fecha los resultados han sido excelentes.

Durante mi ministerio de catequesis a nivel diocesano en Miami, Florida, realicé un servicio voluntario con la Unión de Labradores Agricultores (UFW), en su lucha por mejores condiciones y salarios justos. Por fín con la aprobación de la Congregación, hice aplicación al Ministerio Nacional de Obreros que era el responsable de asignar voluntarios al UFW.  Dediqué cinco años a esta institución en Florida, Arizona y California, organizando demostraciones y programas educativos de ‘Si, se puede’ (Yes, we can) en grupos de comunidades pequeñas. Para ese ministerio como voluntaria, recibí la designación del propio Cesar Chavez.

Durante los años de este ministerio encontré a mucha gente necesitada de ayuda legal, pero sin tener medios económicos para consultar a un abogado.  Esto me dio la idea de estudiar y capacitarme como ayudante de abogado. Otra vez tuve el apoyo de mi congregación.  Ahora trabajo en este ministerio con Inland County Legal Services, una agencia privada que administra servicios legales gratis a gente de bajos ingresos.  He trabajado con ellos en los últimos doce años en los siguientes aspectos: representar a personas en caso de Seguro Social para discapacitados y ayudar a los que necesitan recibir beneficios por el resto de sus vidas. Lo más difícil ha sido ponerme de pie ante el Juez haciendo preguntas a mi cliente para probar que el o ella no podían trabajar debido a su incapacidad. Su seguridad para el futuro dependía de como yo presentara las preguntas. Muchos de los clientes esperaban hasta dos años sin ganar nada antes de ser presentados al Juez.marydoran1998

Foto: Mary Doran (a la izq.) ante el juez administrativo en 1998.

Ahora, un joven abogado muy capaz, se encarga de los casos de discapacidad mientras yo trabajo con gente mayor. Muchos me conocen por haber servido cinco años en la parroquia cercana y piden que su cita sea conmigo. Esto es más fácil porque ahora no los represento ante el Juez; ahora los ayudo en asuntos legales. Aprecian mucho el ser escuchados. Muchos de ellos viven solos, sin familia ni amistades con quien compartir sus vidas. Para algunos, el problema es la tarjeta de crédito, es mucho más de lo que pueden pagar. Otros han perdido sus ahorros porque han sido engañados por quienes los han defraudado a pesar de considerarlos sus amigos.  Es triste hablar con personas mayores de ochenta años o más, que han perdido todo y ahora dependen de los beneficios mínimos de la Seguridad Social para mantenerse.

Me es difícil recordar el gran número de gente que he encontrado y servido por largos años. Juntos hemos sembrado semillas del Reinado de Dios; a niños en la catequesis (CCD), en la formación de catequistas para seguir anunciando el mensaje, presente en las luchas con ‘labradores de agricultura’ y ofreciendo asistencia legal.

Cada persona ha sido para mi una bendición. Aunque no puedo recordar a todos, ni puedo saber lo que hacen hoy, tengo la esperanza de que algún día nos volveremos a reunir en el Reinado de Dios para regocijarnos juntos y compartir nuestras historias.

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