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Nuestro Padre fundador, John Joseph Sigstein, era un hombre de oración, visión y acción con gran amor y compasión por los pobres y oprimidos. Fue guiado por su sentido de ser parte de la Misión de Dios y por su devoción a Nuestra Señora de la Victoria.
Visitando en el Suroeste del país, sintió compasión por la situación de pobreza y otros problemas y necesidades de la gente que no estaban atendidas por ninguna congregación religiosa. El Padre Sigstein fundó la Congregación Misionera de Nuestra Señora de la Victoria para asistir a esas necesidades en las áreas de educación religiosa, servicio social y el cuidado de la salud entre los más pobres, desde una perspectiva personal, no institucional.
Este ministerio llamó a la creatividad, a la innovación, y el desafío de mujeres que supieron cómo traducir sueños, oraciones e intuiciones en la acción. Todo comenzó en 1922 con Julia Doyle y Marie Benes, nuestras dos primeros miembros, y continuamos hoy en el siglo XXI.
El Arzobispo John Francis Noll, desde los comienzos, ayudó a incrementar el desarrollo de Victory Noll por medio de la publicación nacional que el fundó y publicó, Our Sunday Visitor. En gratitud a su generosa contribución, la Casa central, Victory Noll, construída en Huntington, Indiana, fue dedicada a su nombre Noll, junto con él de Nuestra Señora de la Victoria, de ahí nuestro nombre de “Victory Noll.” Ambos, John Joseph Sigstein y John Francis Noll, unidos por un mismo ideal, compartieron la responsabilidad en la fundación y expansión de la Comunidad, cada uno en su estilo personal.
Victory Noll, Huntington, IN.
Una de las frases favoritas del Padre Sigstein era:
“Ir al encuentro de necesidades modernas con medios modernos.”
Esta frase ha formado nuestro ser, desde la manera de vestir, la manera de vivir en comunidad y de cómo hacemos nuestro ministerio entre el “Pueblo de Dios.”
Will Frey, un amigo y colaborador del Padre Sigstein en Chicago, ayudó a nuestras primeras hermanas en Nuevo Mexico. Fué un versátil trabajador que compartió sus dones y talentos con las hermanas y el pueblo entre el cual vivió. Will fué nuestro primer Asociado, trabajando juntos en colaboración, para continuar la misión de Jesús.
Puesto que trabajar con los pobres era la prioridad de la nueva Congregación, el Padre Sigstein formó una red de Asociados a lo largo del país, quienes tenían la misión de levantar fondos para sostener a las hermanas. Este grupo de Asociados también enviaba alimentos, ropa y artículos religiosos para distribuir entre las familias y niños en necesidad.
Desde el principio el Padre Sigstein fue un quebrador de imágenes con su resistencia al hábito tradicional. El vestido original se refería a un uniforme, sin el rosario tradicional colgado del cinturón, o el velo cubriendo el cabello enteramente, o la bastilla hasta el suelo. Muchos fueron los intentos que se hicieron para cambiar la imagen de las Hermanas de Victory Noll para que fueran en conformidad con la imagen convencional de mujeres religiosas.
La crítica y objeción que las Hermanas encontraron en 1930 y en las siguientes décadas – que ellas no podían ser verdaderas religiosas debido a su modo de vestir o de innovadoras – ahora suena extraño, e insignificante; pero recordemos que esto pasó largo tiempo antes del Concilio Vaticano II.
El Vaticano II requirió volver al espíritu original del fundador, guiado por las condiciones cambiadas en la Iglesia y en el mundo. Lo que era anticuado e irrelevante en el mundo moderno debería de ser reemplazado.
Padre Sigstein y el Arzobispo Noll están sepultados en el cementerio en Victory Noll. Normalmente los Obispos son sepultados en su propia Catedral pero el Arzobispo Noll pensó que aquí recibiría más oraciones. Esta foto fue tomada por Sister Martin Ksycki.
Dichos de Padre Sigstein:
Como somos pioneras en los trabajos de Nuestra Señora de la Victoria, tenemos que abrir un camino que es derecho y verdadero . . . fiel a nuestra fundación original.”
“Acuérdense de guardarse siempre en la Presencia de Dios.”
“Todo a Jesús por María.”
“Tener una sonrisa para todos, aunque su propio corazón se siente pesado.”
“Vayan primero a los más pobres. Siempre tengan preferencia hacia ellos.”
“Siempre guarde su primer fervor.”
El Hábito por Hermana Melanie Persche, OLVM
Más de lo que pueden imaginarse, nos han preguntado porqué hemos dejado de usar el hábito. Aunque ya pasan treinta y cinco años de no usarlos todavía es tema de gran interés.
Esta foto, hacia el año 1950, enseña al Delegado Apostólico (izq.), Arzobispo Noll (der.) y al Equipo de Liderazgo de OLVM.
Bastante tiempo atrás, no se conocían los "hábitos." La mayoría de las congregaciones de mujeres fueron fundadas para llenar una necesidad muy evidente en esos tiempos. Ellas vieron los huérfanos en las calles, a niñas que no recibían educación o a enfermos que carecían de fondos para cuidado médico. Había muchas necesidades por las cuales nadie se preocupaba, de manera que ellas formaron grupos de mujeres dedicadas a estos trabajos. De costumbre ellas se vestían sencillamente. No había nada para distinguirlas entre otras mujeres del día.
Sabemos como cambian las modas. El mantener los estilos no fue un valor para estas mujeres. Siguieron vistiéndose en su ropa sencilla, así que, sobre los años, estos vestidos los nombraron "hábitos." Esa es una breve historia.
En la vista de los fieles, los hábitos fueron señales de dedicación y reconocidos como símbolos. Muchas congregaciones podían ser identificadas por sus velos únicos. Las Hermanas podían conocerse en lugares públicos, fueron estimadas y a menudo se les daba preferencia (boletos gratis, los mejores asientos, etc.). Por otro lado, la ropa podía ser barrera, la gente guardando su distancia porque éramos tan "diferente" o porque nos consideraban más "santas."
Foto: El Equipo de Liderazgo de OLVM, 2004-2008, vestidas a la modo moderna. Izq. a der. - Hermanas Melanie Persche, Jeanette Halbach, Mary Jo Nelson y Lucille Martínez.
Con la renovación en la Iglesia, las Religiosas fueron unos de los primeros grupos que cambiaron. Volvimos al vestido ordinario de la gente, no pedimos ser tratadas de manera preferencial, y queriamos aproximarnos más al pueblo. Si la ropa o los horarios no eran prácticos y eran una barrera, entonces terminamos con ellos y decidimos cambiar.
La mayoría de las Hermanas se quedaron con un signo de dedicación. Para nosotras, este signo es la medalla de Nuestra Señora de la Victoria. No todo fue abandonado. Los valores básicos aún todavía son importantes para nosotras: sencillez de vida, amor a Dios y servicio al pueblo de Dios. Esto lo hacemos como grupo, apoyándonos una a otra y procurando ser fiel a la llamada de Dios.
Comentario de Redacción: Desde nuestra fundación nuestros hábitos han sido diferentes a los de otras congregaciones. "La gente decía de las catequistas ' no pueden ser verdaderas religiosas. Se les ve el cabello, no llevan el rosario colgado de su cinturón usan el apellido de su familia, visitan los hogares cuando otras Hermanas enseñan en las escuelas, y ¡aún manejan carros!' Estas son algunas de las críticas que las Hermanas encontraron en los primeros días de su existencia." Un escrito tomado de The Story of Victory Noll (Historia de Victory Noll).
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