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por Hermana Alodia Carney, OLVM (a izq.)
“PIDAN y se les dará. BUSQUEN y encontrarán. LLAMEN a la puerta y les abrirán.” Mateo 7:7
Presto servicio a la Clínica ASK cada jueves por la tarde. Uno de los jueves siempre cae el Jueves Santo. Este Jueves Santo registré a un joven de Etiopía para ayuda médica. Su amigo, un poco mayor, dio la información necesaria en un inglés inseguro. “¿Tendremos que esperar por mucho tiempo? Soy pastor Luterano y tengo el servicio esta noche.” ¡Fue una sorpresa para mí! Pero, ¿por qué no pudiera ser pastor aquel hombre de cara delgada, ojos grandes oscuros y zapatos gastados?
Mi rol como trabajadora de admisión es recibir a nuevos clientes y llenar un formulario con los datos necesarios. A veces algunos de los clientes bajan la vista, cambian de posición en la silla, hacen una mueca al sonreir nerviosamente cuando se les hace la pregunta, “¿Usted fuma?” Y así seguimos con la serie de preguntas. Yo me alegro un poco con la gente de México cuando, por ejemplo, les aseguro que he visitado Guadalajara, Monterrey, el Distrito Federal (Ciudad de México) y la Basílica de Guadalupe.
Foto: Hna. Alodia, de pie, llamando a un cliente para empezar el proceso de admisión.
Con Lucinda, una clienta de Ghana, le digo que conozco a una persona de Ghana. “¿O sí?” “Sí, Kofi Annan, el Secretario General de las Naciones Unidas. Sí, lo conozco por la televisión.” Las dos nos reímos.
Una Vietnamés, mayor de edad, en un largo vestido negro, se sienta con paciencia en la sala de espera. Instintivamente yo junto las manos y hago una reverencia al saludarla. Al mismo tiempo ella ya me está haciendo una reverencia.
Anastacia es una bonita mujer de Honduras. Yo me enteré que había sido una maestra de la escuela primaria. Tuvo que esperar diez años antes de conseguir una visa para entrar a los EE.UU. Durante esos años su salud empeoró. Desgraciadament e es ahora muy pobre. Yo le ayudé, traduciendo por ella cuando tuvo que hablar con la enfermera.
Foto: Hna. Alodia, der., dice que el proceso de colectar datos es también una oportunidad para extender hospitalidad.
Hombres y mujeres que han perdido su empleo por motivo de la terminación de industria y despedida de empleados en Ft. Wayne vienen a la Clínica ASK para cuidado de salud. A menudo, para aquellos sin seguro, es la primera experiencia de tener que acudir a una clínica gratis.
La oficina de la Clínica, las salas de examen, el dispensario del piso de abajo, todos zumban con actividad durante las horas de consulta. Recepcionistas, ayudantes, enfermeras, médicos, el personal del dispensario, todos se esfuerzan juntos para procurar un servicio acogedor, inmediato, y con preocupación por la gente necesitada. Casi la mayoría de los trabajadores en la Clínica son voluntarios.
Foto: Este letrero da frente a la muy activa Calle Calhoun, Fort Wayne, Indiana.
Yo, trabajadora de admisión y traductora, al terminar mi tarea, salgo del edificio, cansada pero contenta. En el nombre de Jesús hemos ayudado a los necesitados.
La Declaración Misional de la Clínica es sencilla y directa: AMAR A TODOS, SERVIR A TODOS.
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